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Patio de monipodio

Ya no se hacen viviendas

Entiéndase: no se están edificando espacios dónde una familia ya sea extensa o unipersonal pueda vivir dignamente, esto es: poder convivir, cocinar, comer...

Publicado: 28/03/2025 ·
09:51
· Actualizado: 28/03/2025 · 09:52
  • Edificación de viviendas. -
Autor

Rafael Sanmartín

Rafael Sanmartín es periodista y escritor. Estudios de periodismo, filosofía, historia y márketing. Trabajos en prensa, radio y TV

Patio de monipodio

Con su amplia experiencia como periodista, escritor y conferenciante, el autor expone sus puntos de vista de la actualidad

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Entiéndase: no se están edificando espacios dónde una familia ya sea extensa o unipersonal pueda vivir dignamente, esto es: poder convivir, cocinar, comer, dormir, conservar su ropa y enseres. Frente a este concepto lógico de vivienda digna, se ha impuesto otro, imposibilitado por su naturaleza de recibir ese nombre: es la vivienda-patera, la que ahora de la forma más eufemística posible se le apellida “vivienda compartida” aunque el eufemismo sea incapaz de ocultar la verdad: vivir en una habitación con varias familias desconocidas.

La vivienda ha pasado por obra “y gracia” de la especulación desmedida a ser el negocio del siglo para grandes promotores y para propietarios de setenta metros cuadrados en un barrio de trabajadores, dónde se está pidiendo ya ciento setenta mil euros por un piso con más de cincuenta años. Inmobiliarias, constructoras, promotoras y propietarios grandes y pequeños, están haciendo su agosto gracias a la necesidad de una mayoría, cuyos ingresos no llegan a cubrir esos elevados costos, como no sea dejando de comer. Pero luego insultan, amenazan y cuentan con la colaboración de la Justicia para enviar a vivir en la calle a quienes, después de meses de agobio, les es literalmente imposible continuar enriqueciendo al o los propietarios.

El problema empieza en el suelo, privatizado por derecho de conquista y hecho hereditario en premio a la participación en la apropiación de un territorio hasta entonces comunal. Pero no sólo se privatizó la tierra algo que no debe tener dueño porque es de todos, como justamente pregona el georgismo, además el precio estipulado a gusto de su circunstancial propietario, es multiplicado por el número de plantas. Así, un bien de todos es vendido doce veces el valor impuesto por quien ostenta la propiedad, si tiene permiso para construir doce plantas.

Así es burlada la Constitución por la ambición y voracidad de quienes más tienen para vivir a costa de quienes menos. Y los partidos, “nuestros representantes”, unos se inhiben y continúan indiferentes a arbitrar algún remedio y otros, impregnados de espíritu aún más egoísta que capitalista incluso, se oponen con todas sus fuerzas a cualquier remedio que se pudiera arbitrar, no vaya a ser que sus amigos y ellos mismos, vayan a ganar un poquito menos.

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