El tiempo en: Jaén
Publicidad Ai
Publicidad Ai

Jerez

Las deudas de Jerez con 'Antoñín'

Hubo cientos de artistas a los que apoyó, a los que siguió y a los que brindó ayuda de todas las maneras posibles

Publicidad Ai Publicidad Ai Publicidad AiPublicidad Ai Publicidad AiPublicidad AiPublicidad AiPublicidad AiPublicidad AiPublicidad Ai
  • Antonio Benítez, escoltado por Angelita Gómez y Ana María López. -

Antonio Benítez Manosalbas, Antoñín en el mundo del flamenco, nos abandonó el pasado fin de semana dejando una herencia enorme a su familia. Una herencia que no se mide en dinero sino en algo muchísimo más trascendente como las amistades que ha legado, como se demostró en la sala Granada del Tanatorio de Puertas del Sur, donde el paso de personas fue incesante hasta el momento de su último adiós; los reconocimientos, no a nivel físico, sino de corazones que se han quedado esparcidos por los cientos de artistas a los que apoyó, a los que siguió, a los que brindó ayuda de todas las maneras posibles, hasta poniéndose al volante del coche para llevarlos algún día a París; el soporte moral que ofreció a otros tantos que pasaron por su vida porque era un hombre íntegro, cabal, honesto y solidario en todo momento, no solo metiéndose la mano en el bolsillo para socorrer al que lo necesitaba, sino poniendo el hombro para escuchar el lamento de uno, ofreciendo su sonrisa cuando le hablaban de éxitos o sacando tiempo de donde no se sabe dónde para pararse, sentarse, si era con una copita de Botaina mejor, escuchar, ponderar, asesorar y reforzar personal o profesionalmente a la persona que le pedía consejo o quería que le tratara la línea a seguir.

Y lo que escribo lo sustento con lo mucho que, gracias a Dios, viví a su lado. Una noche, de hace cuarenta y ocho años, un chaval que quería vivir de esto de juntar letras bajó a la sección de huecograbado de La Voz del Sur. Lo hacía nervioso, tembloroso.La puerta estaba abierta y se escuchaba una bulería de Fernando Terremoto en la vieja radio que presidía el despacho. Antonio quiero hablar contigo, le dijo. Quiero escribir de flamenco porque, por causas que le explicó pero que ahora no vienen al caso, alguien le había puesto una zancadilla para alejarlo de la sección periodística que, posteriormente, sería santo y seña de su vida, Qué gran idea. No te preocupes que voy a estar contigo, que vas a conseguir salir adelante.

LLegó  la entrevista a Sordera, que venía de Madrid, a Mateo Soléa, que llegaba de Suiza, a La Macanita que era una niña que apuntaba muy alto, la información de las peñas...y una página diaria en un periódico, el único que había en Jerez, donde no se había escrito nunca o casi nunca de ese arte del que Jerez es cuna.

Y entre tanto, saliendo Antonio del periódico a las 2 de la mañana, y para la Peña Los Cernícalos, la pionera, aquella que él fundó, junto a otros valientes, en el kiosko de El Retiro y ayudando en los festivales donde su colaboración como jurado era fundamental y si no que pregunten, por ejemplo, en Paterna.

O que pregunten, también, a los antiguos dirigentes de Caja de Ahorros de Jerez las veces que llamó para que el Concurso de Saetas en la Calle, desde la sede central de Plaza del Arenal, se celebrase un año y otro o que pregunten por sus desvelos para poner en los más alto el Certamen Nacional de Guitarra Flamenca o la organización de las Noches de la Plazuela y tantos y tantos acontecimientos que, a través de Los Cernícalos, llevaban su sello personal.

Su forma de ser, su manera de encarar la vida cuando le vinieron mal dadas en un asunto empresarial del que nunca quería hablar pero que le perjudicó mucho en lo material, su entrega sin límites al flamenco en general pero a Jerez en particular y a sus artistas. Nacido en tierras cordobesas se consideraba un jerezano más. Se hizo asímismo desde que se inició de botones en el Casino Jerezano. Luchador infatigable. Trabajaba de noche en el periódico, de día en su taller, por la tarde La Peña y dormir creo que dormía despierto. 

Único e intransferible, un ser humano especial que acuñó frases para la historia como cuando decía con sus casi 90 años que "fíjate he dejado a doña Petra embarazada" o "te convío o te doy mejor el dinero" que lo dió todo en vida por Jerez y los jerezanos, sus flamencos y sus no flamencos, que ha dejado ese legado de Hombre Grande, permíteme las mayúsculas director, y al que entiendo que Jerez ha  dejado algunas deudas por pagar. Le dieron el premio al aficionado flamenco pero él entendía, cuando lo llamaron, que le habían nombrado Hijo Adoptivo de la que consideraba su ciudad; soñaba con que alguien escribiese su biografía e incluso con que en un libro quedase para siempre la historia de esa Peña de Los Cernícalos que para él era algo así como su propia familia.

El libro, me comentaba, se comenzó pero no se se terminó y cuando otros intentaron ponerlo en marcha no existía documentación para poderlo encarar. Y su biografía queda en la mente de su mujer y sus hijos que saben del cariño que recibió Antoñín en vida, de sus andanzas en favor de lo que más quería, después de los suyos, y de esa imagen de persona que será por siempre recordada.  Para eso lo mejor, aunque él ya lo vea al lado de La Paquera, Lola, Terremoto, Chocolate, Agujetas o Juan o Manuel Moneo , es que las deudas pendientes las pague Jerez cuanto antes.

TE RECOMENDAMOS

ÚNETE A NUESTRO BOLETÍN