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26/06/2022  

Desde la Bahía

Ley y razón en La Isla

La leptosómica razón, no puede ganar peso a costa del resentimiento

Publicado: 03/04/2022 ·
22:30
· Actualizado: 03/04/2022 · 22:30
Autor

José Chamorro López

José Chamorro López es un médico especialista en Medicina Interna radicado en San Fernando

Desde la Bahía

El blog Desde la Bahía trata todo tipo de temas de actualidad desde una óptica humanista

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La silueta de San Fernando es alargada. Una leptosómica, salada, presumida y luminosa ínsula, que cuando ha querido aumentar su anchura lo ha hecho en forma de nódulo aislado, junto a la bella playa oceánica de Camposoto. La Isla siempre ha sido más real que villana, más hidalga que escudera, más Quijote que Sancho. Sus miserias siempre supo cubrirlas con un traje confeccionado por sus manos costureras, sin ningún sastre extraño y sus tiempos de bonanza emulando un señorío bajo pieles de fauna muy diversa. Es consciente de que su pan depende más de los recursos que el mar le proporciona que de la poco fértil tierra que la estructura y ha tenido que amanerarse, adaptándose a una red de servicios, que le permite mantener su peso demográfico. Su columna vertebral, la larga calle que la cruza, es real, como su teatro, su academia, su toponimia, su dádiva de ciudad, su Observatorio astronómico y el espíritu marinero de su gente.

San Fernando sin su calle Real sería como un instrumento musical de escaparate al que nunca le llega la mano que tañe sus cuerdas. Su jerarquía es inviolable. Sin embargo ha tenido, más que enemigos, intereses de oscura participación y miserable profundidad que han deseado que su protagonismo agonice irreversiblemente.  Unos railes férreos y paralelos fue la “cicuta” preferida. Los inmensos móviles - tren/tranvía - sobre ellos colocados, actuarían como los elefantes en las Guerras Púnicas del general cartaginés. Su sola presencia disuadiría a la masa humana que ocupa ese asfalto, de pasear o agruparse sobre el mismo, sobre todo por el miedo/prevención, a que los críos en sus juegos y olvidados de que existe este medio de locomoción, pudieran sufrir consecuencias trágicas. Los bares además se retrotearían, como el caracol a su concha, pensando en emigrar a otro campo. Otra zona de San Fernando soñaba - y hacía operaciones aritméticas- con ser el centro neurálgico de la ciudad.

Las efemérides locales - Semana Santa entre ellas - no pensaron en su momento que este tren/tranvía, era el okupa que venía a apropiarse del espacio que por tradición les correspondía.

Ya es realidad y estamos asistiendo a la toma de contacto con este nuevo medio de comunicación vial, al par, que comienza a vislumbrarse en el horizonte de su trazado callejero, los múltiples inconvenientes que no se razonaron a su debido tiempo e incluso la necesidad de este medio de transporte, cuando el actual circula y llega a los puntos más importantes de la ciudad y quizás si se hubiera modernizado y ampliado, hubiera sido totalmente definitivo y completo. Otras ciudades no han podido soportar la problemática que el tranvía le ha originado, sobre todo económicamente y han desistido del mismo. Esperemos que aquí no ocurra y el enorme gasto pueda ser compensatorio al bienestar del ciudadano y la economía de la ciudad. Y sus controversias con las efemérides que precisan de la calle Real, lleguen a un punto de entendimiento, sin enfrentamientos, con la religión como fondo.

La Isla sigue fiel a su calle Real y a su plaza del Rey. Ha soportado estoicamente el desmembramiento de un monumento con historia, tradición y valor artístico, que nos lo presentaban como “algo” que quebraba una vida en libertad, progreso y alegría de la ciudad, pero al día después nuestros problemas seguían siendo los mismos y un hijo predilecto con las connotaciones que ello conlleva, era víctima de la piqueta, todo porque hay una ley de memoria histórica que ha olvidado, o nació sin ella, su verdadera “alma” que es la razón y ha elegido el camino de la animadversión, cuando no la venganza o el odio, permitiendo que persistan otros hijos predilectos, otros rótulos callejeros y otras titulaciones de entidades o personales, con nombres que no están faltos de su culpabilidad en el violento encuentro civil que tantas pérdidas humanas originó.

Todos, incluido el de nuestra Plaza del Rey, deben ser eliminados. Entonces sería el momento de creer en el concepto de Ley y de legisladores que desean la paz y la concordia entre los españoles. Y también el uso del sentido común nos hubiera llevado a una mejor regulación de nuestras comunicaciones locales. La leptosómica razón, no puede ganar peso a costa del resentimiento. Y quizás - y sin quizás - en algún lugar del firmamento, un enorme poeta - Miguel Hernández - muestre la sensación desagradable que le causa ver rodado por el suelo, el busto de una de las escasas personas que fueron capaces de interceder por él, ante el “supremo jefe” de entonces, para evitar su condena a muerte.         

 

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