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21/07/2024  

El cementerio de los ingleses

Generación de cristal… o no

Supongo que todos ustedes habrán escuchado esta perorata, la versión siglo XXI del "cualquier tiempo pasado fue mejor"

Publicado: 15/05/2023 ·
10:33
· Actualizado: 15/05/2023 · 10:34
Autor

John Sullivan

John Sullivan es escritor, nacido en San Fernando. Debuta en 2021 con su primer libro, ‘Nombres de Mujer’

El cementerio de los ingleses

El autor mira a la realidad de frente para comprenderla y proponer un debate moderado

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De un tiempo a aquesta parte, se viene hablando de la extrema sensibilidad y de la piel fina de las nuevas generaciones. Parece que, para algunos, los jóvenes son blandos, se ofenden por todo, no están habituados al trabajo ni al esfuerzo, viven entre algodones… Supongo que todos ustedes habrán escuchado esta perorata, la versión siglo XXI del "cualquier tiempo pasado fue mejor". A partir de ahí, cada cual sabrá si está de acuerdo o no. Personalmente, yo lo considero una falacia.

Cuando se habla de la generación de cristal, se alude a una supuesta fragilidad de la que adolecen los jóvenes a pesar de que siguen buscando su sitio, luchando y avanzando pese a las guerras, las pandemias y las crisis económicas globales. El problema es con qué lentes están mirando los autores de este mito absurdo los acontecimientos y a quienes los protagonizan. No hace tanto que Elisa Beni afirmaba que los jóvenes viajaban demasiado, invertían más de la cuenta en ocio y que por eso no se podían independizar. La parte de los precios desorbitados de la vivienda, la precariedad laboral (se va avanzando pero queda mucho por hacer) y las escasas facilidades para conciliar (repito, a pesar de los avances) parece que no las tuvo en cuenta. Es decir, para Beni, el problema no es que un alquiler cueste más que una hipoteca que nadie te da y se coma casi todo tu sueldo; el problema es que viajas quince días al año, tienes Netflix y sales de vez en cuando a despejarte y tomar algo.

"Ahora tienen la piel muy fina y se ofenden por todo", dicen por ahí. Sobre todo, aquellos que se quejaban de esa cultura de la cancelación de la que les hablaba hace poco. Aquellos que se quejaban por no poder hacer chistes de mariquitas aunque sigan pudiendo hacerlos, que otra cosa es que al público le interesen. No es tanto que la piel sea fina como que la juventud responde si se la arañan. Como ya dije alguna vez, la sociedad ha evolucionado y ha descubierto la empatía hacia esos grupos y colectivos que antes eran motivo de mofa y chiste fácil. Ahora reaccionamos si una letra tiene algo que no nos parezca apropiado, si un chiste nos parece de mal gusto o no nos hace gracia, si unas declaraciones nos parecen nauseabundas. Usted mismo, querido lector, puede decir sin paliativos que este artículo le parece un tremendo zurullo si ese es su parecer. Quizá el problema no es la facilidad para ofender y ofenderse por la que rabian algunos pollaviejas incapaces de adaptarse a los tiempos: probablemente, lo que pasa es que ahora manifestamos nuestro malestar a quien lo provoca y hemos dejado atrás el silencio, el qué dirán y el no me pegue, señorito.

Dirán que la sociedad es buenista con los inmigrantes que invaden nuestra sagrada patria: "Nos van a ganar porque están acostumbrados a la violencia", he oído decir varias veces a Pérez Reverte. El autor de Alatriste o la ambientada en Cádiz El Asedio decía que la juventud no está preparada para lo que viene, algo que yo mismo llevo veinte años escuchando y nunca terminó de llegar. Extraña invasión me parece aquella en que los que quieren tomar un país por la fuerza se dedican a hacer el trabajo que no desempeñan los invadidos y, además, lo hacen en condiciones de explotación y hasta de esclavitud. No veo yo al ejército ruso cuidando ancianos en Ucrania sin contrato y a ocho euros la hora, la verdad. Desconozco si la juventud está lista para afrontar esa eterna amenaza que nunca llega a ser peligro real, pero sí sé que estos que tanto exhiben testosterona ahora no tienen autoridad moral para aludir a la poca rudeza de los jóvenes; no cuando fue en su época que un dictador murió en su cama y dejando todo atado y bien atado. Templarios de pastel y narradores de batallitas de la mili dando lecciones de cojones y valentía porque no nos gusta que se muela a palos a gente hambrienta que busca la oportunidad de ganarse el pan. En fin…

No va esta columna contra las generaciones anteriores, ni mucho más faltaba. Va contra aquellas bocas que, de tanto que presumen, nos dicen de qué carecen. Esa gente que nos advierte de un peligro inexistente, que nos afea la empatía con el prójimo, que presume de virilidad y gónadas de acero mientras siguen besando cruces y anillos… Esa gente cuyo problema es que vivieron en un país que les marcaba por dónde ir sin hallar respuesta ni cuestionamiento y que, ahora que hay más libertad para elegir otro camino, sienten que ya no están para esos trotes. Porque los jóvenes de ahora, al menos los que estudian, trabajan y avanzan, no son una generación de cristal. Simplemente, les acusa de serlo un grupo de bocas de distintas quintas (de la mía, de alguna posterior y muchas anteriores) por quienes habla la bilis y la envidia.

 

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