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Miércoles 22/09/2021

Quien a buen árbol se arrima...

Elogio de la ternura

Hay programada una charla denominada “Prehistoria de la compasión” organizada por Nueva Acrópolis, sobre los últimos descubrimientos acerca de la aparición...

Publicado: 15/09/2021 ·
09:59
· Actualizado: 15/09/2021 · 09:59
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  • Ternura
Autor

Manuel Ruiz

Manuel Ruiz es biólogo y ocupa el cargo de presidente de la Asociación Ecologista GEA de Jaén

Quien a buen árbol se arrima...

Cuaderno sobre la importancia de ser responsables medioambientalmente y otras cuestiones culturales y patrimoniales de Jaén

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Hay programada una charla denominada “Prehistoria de la compasión” organizada por Nueva Acrópolis, sobre los últimos descubrimientos acerca de la aparición del comportamiento altruista en la evolución humana. Y en el cóctel de capacidades que hicieron posible este comportamiento se encuentra la ternura, “sentimiento ante las personas, cosas o situaciones que se consideran merecedoras de un amor o un cariño puro y gratuito, por su dulzura, debilidad o delicadeza”, a decir del diccionario Oxford.

Los estudiosos de la conducta animal describen comportamientos de numerosos mamíferos cuya raíz se encuentra en emociones que podrían asimilarse a la ternura, pero es en el ser humano donde ésta alcanza cotas de intensidad y expresión que la colocan en el nivel de lo genuino de nuestra especie.

La ternura no es debilidad, flojera o una forma ñoña de cobardía, al contrario, es la manifestación de fortaleza interior, de un espíritu robusto y un carácter templado. Es un recio escudo que protege frente a la fría indiferencia y al egoísmo ruin, un bálsamo contra el dolor y el sufrimiento, un poderoso estímulo para enfrentar la inacción y la apatía, que opera tanto en la persona que siente la ternura como en aquella a la que va dirigida.

La ternura se relaciona con el corazón, que no es romanticismo o sensiblería, ni el músculo cardíaco que se acelera con las emociones intensas. El corazón del que parte la ternura es todo eso y más, el núcleo esencial del ser humano a decir de los antiguos egipcios desde el cual conjugamos pensamiento y sentimiento en un intento permanente de comprender la realidad. En este proceso de entendimiento, la ternura elimina ruido de fondo y actúa como un filtro de la realidad, proporcionándole una luz que permite un mejor acercamiento a la misma. La ternura nos facilita entender mejor al otro.

La ternura es también un escenario ideal para desarrollar las relaciones, que nos provee de modos y maneras más afables, de argumentos para confiar en el otro, de la delicadeza necesaria para tratar los temas relevantes, los grandes asuntos, con el cuidado que evite malograrlos.

Es necesario un espacio y un tiempo para la mirada tierna, para la información de los aspectos más dulces de la realidad entre tanta noticia irrespirable, para la evocación de las posibilidades más humanas.

Es necesario recrear la capacidad de sentir la ternura, de vivir aferrado a ella como ingrediente imprescindible para superar los formidables retos que parece depararnos el futuro inmediato, porque facilita la unión entre seres humanos, desde la cual hacer frente a una realidad complicada, extenuante.

Es necesario, en fin, un elogio de la ternura.

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